El palillo desenreda
raíces que es un primor;
suave y delicado
trata al árbol con amor.
Serrucho, gancho, kumade
de trato más duro son,
y a las raíces difíciles
no otorgan tregua ni perdón.
Al trasplantar mi bonsái
a una nueva ubicación,
el palillo asienta tierra,
musgo y cualquier elevación.
Si he de limpiar el nebari,
o mostrar lo que se enterró,
siempre cuento con el palillo
antes que con escobillón.
Pero su uso obliga
al cuidado que adeudó
pues sacarle punta debo
para no dañar mi creación.
En un trance apurado
puedo usarlo en medición
aunque sea poco exacto
permite una aproximación.
El popular mondadientes,
que en la mesa se encontró,
fija las bolsas al suelo
para la fertilización.
Para controlar la humedad,
palo de brocheta es sensor,
que clavo hasta el fondo del tiesto,
sin haber gastado un millón.
Los servicios son sin coste
de este gran benefactor
porque no se puede tasar
lo que ni el oro pagó.
De todas las herramientas,
siempre mi primera elección,
mi querido palillo
es por todo lo anterior.



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