Sustrato con una estructura porosa que favorece la circulación del agua y del aire dentro del sustrato, lo que previene encharcamientos y la asfixia radicular.
La grava volcánica es mucho más ligera que la mayoría de los materiales similares.
Además, es bastante estable, por lo que se degrada y compacta lentamente, lo que facilita un sustrato aireado y oxigenado durante mucho más tiempo que los sustratos orgánicos.
Al no liberar sales minerales ni alterar drásticamente el pH, puede emplearse en combinación con otros sustratos para ajustar la retención de humedad o el drenaje sin afectar a las necesidades específicas de las plantas.
Ofrece un efecto aislante tanto térmico como hidrófugo.

